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La casa sobre la roca 

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Por qué me llaman: ¡Señor mío!
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LA PERLA DE LA PERLA


¿Qué es la fe?

 

Si en la espiritualidad latina la vemos ante todo como una gracia, algo sutil que se recibe desde lo alto, para la espiritualidad oriental será algo más concreto: un cimiento sólido, una base fiable que nos permitirá resistir en las dificultades.

 

El «hamek», que significa profundo, suena como el «hamen», que es la afirmación de la fe.

 

Y «poner los cimientos» tiene la misma raíz que «bien extendido», que volveremos a encontrar cuando Pedro y Juan vean el sudario «bien extendido»: ese «bien extendido» será el punto de partida de su fe en la resurrección de Jesús.

 

No es por nada que María Magdalena se sienta en el suelo a los pies de Jesús mientras le escucha (Marta y María): es para fundar su fe sobre un suelo firme, bien extendido.

 

¿Y la roca? En arameo, es casi la misma palabra que el nombre de Jesús

 

No hay duda: «Mi fortaleza y mi roca» es Jesús, como dice el Salmo.

¿Acaso escuchar a Jesús y hacer lo que Él dice no es el resumen de la vida cristiana?

 

¿Y qué dice Jesús? ¡Escuchen!

 

Ama, haz el bien, bendice…

 

En esta etapa del aprendizaje, ya tengo algunas perlas en mi interior para que todo esto resuene, aún no como una catedral de ecos, pero sí como una pequeña capilla rural, tranquila y fresca.

“Necesitamos por tanto retomar el mismo fervor apostólico de las primeras comunidades cristianas que, pequeñas e indefensas, fueron capaces de difundir el Evangelio en todo el mundo entonces conocido mediante su anuncio y testimonio.”

​Benedicto XVI 

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